Nos encanta escuchar a otros amantes de Freet Barefoot sobre para qué usan sus Freets y por qué les gustan. Esta campaña irá más allá de lo que nosotros tenemos que decir sobre nuestro calzado minimalista, escuchando y amplificando las voces de nuestros apreciados clientes, y conociendo sus interesantes historias protagonizadas por sus Freets. Nuestra próxima historia es con Benn Windlight, que actualmente vive en el País Vasco, en España.

Tras casi 3 años corriendo solo con sandalias, debo confesar que empecé a sentir cierta superioridad hacia quienes corrían con zapatos. «¡Insensatos!», pensaba. «¿Por qué llevar esas prisiones con cordones cuando podrías dejar que tus pies respiren y correr más ligero con sandalias, o con nada en absoluto?». Hay sin duda algo de verdad en esa pregunta, sobre todo si vives en Santa Cruz, California, como yo entonces, donde el clima es de lo más suave y los senderos son casi todos fáciles caminos de tierra en bosques de secuoyas que, en el peor de los casos, se humedecen un poco cuando llueve.
Al mudarme a las montañas del País Vasco en España en septiembre del año pasado, enseguida vi hasta qué punto mi perspectiva era limitada; al enfrentarme a zarzas que me arrancaban la piel del empeine, largos tramos inevitables de barro hasta la pantorrilla después de la lluvia y crestas llenas de pequeñas rocas puntiagudas, supe que dejar las sandalias y pasarme a un buen par de zapatillas haría que mis carreras aquí fueran muchísimo más eficientes y cómodas.

Mi búsqueda me llevó a las Freet Feldoms, y di en el clavo. Se sienten como zapatillas mágicas con dibujo de la suela de neumático en la parte inferior. Son tan ligeras como mis sandalias y no restringen en absoluto el movimiento natural de mis pies. Me han permitido ir más lejos, durante más tiempo y más rápido por los bucólicos senderos de las montañas vascas, sin ampollas y con muchos menos resbalones en el barro. Son los únicos zapatos que uso ahora para correr y hacer senderismo; mis Feldoms llevan más de mil km y no veo señales de que no puedan acompañarme otros mil km más.
Uso mis Freet para cualquier tipo de carrera o caminata sobre cualquier tipo de camino o pavimento, pero mi estilo preferido es hacer carreras largas y relajadas sobre la tierra, la piedra y los prados de hierba de las montañas.
Mi viaje más reciente con mis Feldoms fue una aventura de 3 días y 80 millas desde San Sebastián hasta Bilbao por el Camino de Santiago (puedes leer un poco más sobre ello aquí, si te apetece).

Dentro de unos meses serán mi montura elegida para la Ehunmilak: una carrera a pie en el País Vasco de más de 100 millas y 10.000 m de desnivel positivo. Quizá en los días de verano por senderos fáciles las sandalias sigan teniendo un lugar en mi arsenal; pero para esta carrera, para todo mi entrenamiento y para muchos otros sueños de montaña entre medias y más allá, las Feldom son mis compañeras de sendero preferidas.

